martes, 9 de septiembre de 2008

Cada vez que te masturbas...


Cada vez que viene a la mente o a la boca la palabra masturbación, la mayoría de la humanidad evocará un momento de privacidad juvenil, etérea, nocturna, donde la exploración corporal instintiva los llevaría a descubrir el significado del placer personal.

Luego de ese interludio de recuerdo, muchos volverán, sonrojados, de golpe a la realidad trastornada de represiones y moralina, para esgrimir la condena castrante, por llamarla adecuadamente, ante el sucio onanismo. Mientras que otros, una parte pequeña, utilizarán la indiferencia de vivir y dejar vivir, y finalmente una nimia cantidad de humanos aprobarán la masturbación en ambos sexos como una práctica saludable de conocimiento propio, que puede incluso ser benéfica para la salud.

Pero masturbarse siempre ha sido un problema. Desde la etimología capciosa, descendiente del latín manu stupare, que para usos prácticos significa “contaminar con la mano”, hasta las amenazas victorianas de manos peludas que se curaban con tinturas energéticas de a diez peniques la botellita en su farmacia de prestigio. Lo cierto es que las únicas manchas y deformidades que provoca el onanismo son mentales, como el prejuicio, la monofobia y la culpa, esto por supuesto cuando se asocia con acepciones religiosas o médicas tan obsoletas como la lobotomía y el machismo.

Hay teorías que mantienen el estatuto de que, cada vez que alguien se masturba pierde neuronas, mueren células claves de su cerebro, se debilita su energía espiritual, y, en suma, queda más idiota. Samuel-Auguste-Tissot notable médico suizo del siglo XVIII, publicó, basado en el panfleto Onania, su propio compendio de idioteces titulado L’Onanisme, donde culpaba terminantemente a la masturbación por la aparición de todos los tipos de gota y reumatismo, pérdida de memoria, visión borrosa, ceguera, dolores de cabeza, sangre en la orina y casi todos los síntomas terribles que dicen los párrocos provoca el blasfemar y el pensar en exceso.

Y tal fue el tino de Tissot, en la mente colectiva de una especie idiotizada por siglos de religión y dogmas anti-naturales, que a partir de entonces la guerra contra la masturbación fue abierta. Ya no era solamente la condena puritana de los yankees prehistóricos, quienes marcaban a los homosexuales y masturbadotes como dignos de pena de muerte.

En la época victoriana, un tiempo de liberalismo sexual y narcótico, afloraron la cizaña y el odio, por aquellos “débiles mentales”, indulgentes de tan horrible práctica, quienes supuestamente tenían manos peludas, eran ciegos y tenían el cuerpo deformado. En este sentido el Hombre Elefante, no padecía de un defecto genético terrible, sino que fue un adolescente masturbador-compulsivo que solo vivía para enseñar a los niños que tan malo es tocarse “donde no se debe”.

Cada vez que coma sus corn flakes o cualquier variedad de cereal Kellogg’s, querido lector, piense en su creador. John Harvey Kellogg, un prócer anti-masturbador, renombrado científico y padre de las botargas que anuncian el desayuno de los campeones, no solamente despreciaba el onanismo, recomendando atarle las manos a los niños cuando no fueran supervisados por sus padres, sino que en casos severos, juzgaba necesaria la circuncisión sin anestesia, la administración de choques eléctricos preventivos y en el caso de las mujeres, la aplicación de ácido carbólico en el clítoris.

Entre otros cómicos y efectivos métodos de sadismo sexual preventivo, se patentó un cinturón de castidad high-tech, cual navaja suiza, que utilizaba púas internas, choques eléctricos y una campanilla que avisaba al padre sobre la necesidad de una paliza, ante cualquier movimiento manual sospechoso.

Afortunada pero tardíamente, gracias a los esfuerzos y el sentido común del reformador social Havelock Ellis, el sexólogo Alfred Kinsey, y la doctora Joycelyn Elderes, en el siglo pasado y lo que va del presente, la actitud científica y psicológica hacia la masturbación ha cambiado favorablemente. Sus descubrimientos en conjunto con investigaciones del Consejo del Cáncer en Australia, determinan los beneficios del autoerotismo, como la disminución de la presión sanguínea, reducción de las posibilidades de padecer cáncer de próstata y el alivio de la tensión y la depresión.

Así es, ni el prozac es tan económico hoy día como la práctica ancestral y natural que tanto se han esforzado los mochos en eliminar, sin bases científicas, cimentados solamente en el mandato del Viejo Invisible que Vive en las Nubes. Según la tradición judeo-cristiana, los genitales humanos están hechos para juntarse en la santa unión del coito reproductivo, y el que se desvíe del buen camino será asesinado por un trueno glorioso, tal como le sucedió a Onan, quien renegó del sacro deber de copular con su cuñada.

Tras siglos de arrebolada discusión, entre maniáticos castradores, curas con sífilis y uno que otro sensato, se llega a la conclusión de que masturbarse es un acto sano, incluso recomendable y positivo para el humano.

Ya he dicho que cuando viene a la mente la masturbación, se provocan reacciones introspectivas, ruborizantes y hasta vergonzosas, pero, cuando la masturbación llega al imaginario inventivo del humor popular, las reacciones ocasionadas casi siempre terminan siendo humor del excusado. En concreto, la sátira ha hecho ruido últimamente con la difusión de una imagen que promete la muerte de un gatito por obra divina cada vez que alguien se masturba.

Imagine usted, si esto fuese remotamente verdad, los gatos estarían ya extintos y se reportaría mortalidad masiva de felinos durante la celebración de los Masturba-tones (maratones de masturbación) y el Mes de la Masturbación. En el remotísimo caso, el uso de cinturones de castidad sería una de las recomendaciones básicas de la WSPA y Greenpeace.

Dejando de lado la superchería masturbadora, el concepto de la imagen “Cada vez que te masturbas… dios mata a un gatito” funciona como una buena puntada, mas puede ser visto como un rasgo de crueldad animal disfrazada. Después de todo, los gatos no tienen la culpa de que a los amargados religiosos les de urticaria cada vez que alguien se aproxima al placer sexual propio, una expresión de vida libre.

En efecto, la imagen me es un tanto molesta, sobre todo por las reacciones que observé cuando fue expuesta por primera vez en mi universidad, donde la agudeza conceptual fue olvidada por los cromagnones, a quienes les pareció muy divertida la idea de ver un pequeño gato morir asaltado por los Domo-kun mientras se jalonean el prepucio rabiosamente.

A la sazón, previniendo la desviación interpretativa hacia la crueldad, y obedeciendo a un compromiso cristiano propio, me decidí por eliminar el rasgo felicida de la imagen y a contribuir con el esfuerzo represivo que esta obra electrónica satiriza.

Utilizando un tanto de photoshop y otro tanto de amenazas ridículas, pero por desgracia comunes en el mundo real, particularmente México, preparé mi versión de este icono pop. Enfocándola hacia un asunto humano más concerniente, utilizando toda la falta de lógica posible, y una suerte de electroshock moral, presento ante ustedes, una reflexión divina, que ha de ser usada como un poco de humor antes de... usted sabe.

Por favor, piensen en los padrecitos cachondos... no, en serio.

.C.

viernes, 11 de julio de 2008

CVDIRECTO presenta: La Ascensión de los Ishayas


¿Está cansado del estrés diario y su efecto corrosivo en la vida? ¿Ya se hartó de ser un derrotista desgraciado sin posibilidades de mejorar su existencia? ¿Padece de insomnio y un crónico sentimiento de que la oficina, el aguinaldo y los problemas familiares entorpecen su encuentro con la Verdad del Universo? ¿Le gusta la onda de la paz espiritual pero su padrecito le prohíbe el esoterismo porque va en contra de la Santa Iglesia? ¿Quiere llegar a la Iluminación espiritual plena pero le da miedo sacrificar sus bienes materiales para conectarse con el Yo superior? ¿Le da mucha hueva raparse y largarse al Tibet para meditar por años y años sin resultados inmediatos y visibles?

Si la respuesta a estas interrogantes existenciales tan profundas es ¡SÍ!... ¡CV DIRECTO tiene para usted la solución espiritual que ha estado esperando! ¡Sin pastillas, sin largas horas de tediosa Meditación Trascendental, en un tiempo mínimo que no interfiera con su rutina robótica, auspiciado por San Juan y su secta secreta milenaria, nada de ejercicios extenuantes y lo mejor de todo… sin dejar de comer!

Por solo cuatro insignificantes pagos de $4,000, usted podrá disfrutar de los beneficios espirituales y psicológicos de la Ascensión Ishaya, un revolucionario sistema de meditación que limpia la mente de los malos recuerdos y borra el estrés así como sus daños en el subconsciente del alma de los chakras del espíritu santo. Traído desde India por legendarios maestros del esoterismo, este conocimiento milagroso fue heredado por San Juan a un grupo de monjes quienes lo guardaron celosamente hasta que la humanidad estuviera preparada. ¡Y ese momento es ahora!, aprenda las Antiguas Enseñanzas Originales de los Ishayas, y despierte a su Verdadero Poder, a su Verdadera Esencia.

No pierda más su tiempo con las conferencias del Dalai Lama, las horas de yoga nada más desgastan las articulaciones, recitar mantras hace llorar al niño Jesús, ya no se crea los mitos de que los bienes materiales son malos y estorbosos, con la sabiduría de los Ishayas de su parte podrá trascender del estado irreal de la infelicidad y la memoria insidiosa ¡Con solamente un breve seminario y tres sesiones de veinte minutos al día! ¡Así es, con solo una hora al día se verá en un Estado Superior de Conciencia preparado para seguir con mayor felicidad su existencia insulsa y gris atada al sistema productivo, aún más insensibilizado hacia las problemáticas brutales del mundo de mierda!

No lo piense más, mejor no piense nada, y vaya ahora al centro Ishaya más cercano o pida su kit de Ascensión Espiritual Garantizada, aprobado por el Maestro Siddharta Ishaya y por el Pandit Yoghi Drufea Atoidi Océlurd Kahalayoga. ¡Es tiempo de llegar a la Conciencia Superior! ¡Llame Ya! (También funciona con niños y mascotas)



Oníricamente hablando este sería el comercial que CV DIRECTO, la comercializadora más exitosa de productos fraudulentos en Ibero-América, idearía para la secta más en vogue de hoy día. Un culto esotérico de fundación histórica dudosa, retórica pseudo-hinduista mezclada con elementos católicos y con la filosofía existencialista de una franquicia de comida rápida: entras, meditas y te vas.

Los llamados Ishaya han llegado a México, anexándose a la ya gruesa lista de sectas new age que afilian por una cuota y un juramento de discreción, a los infelices feligreses del capitalismo, seres frustrados con sus vidas mundanas y patéticas, apartados del camino de la Iluminación. El rebaño de perezosos dispuestos a hipotecar a sus madres por unas cuantas promesas ilusionistas, sin fundamento ideológico ni científico, estatutos de letra chiquita que no garantizan más que un desfalco económico y una pérdida de tiempo equivalente a asistir a la tradicional iglesia.

¿Quién levantó la piedra…?

Nunca se imaginaron la Peste Bubónica ni Martín Lutero, la primera mientras festejaba jubilosa sobre millones de cadáveres europeos, párrocos incluidos, el segundo al dejar su proclama separatista clavada en la Iglesia de Todos los Santos en Wittenberg, la prole carnavalesca que emergería del colon de la iglesia católica tras ser eviscerada y destazada en cientos de pedacitos por la inconformidad social y desconfianza feligrés que provocaron. Estos hijos ilegítimos, bautizados Sectarios Blasfémicos por su graciosa madre, huyeron pronto de casa al verse asediados por la intolerancia y se adhirieron con fuerza de garrapata en los confines del mundo conocido.

Luteranos, calvinistas, anabaptistas, anglicanos, puritanos, ortodoxos, mormones, satanistas y menonitas, un bestiario muy bestia de dogmáticos imperialistas que se pelearon (y aún pelean), el alma y el diezmo de cualquiera que puedan atrapar. Hasta principios del siglo XX los vástagos de la iglesia se habían atenido a su origen post-judío, abrazando los preceptos misóginos y mesiánicos en sus folclóricas versiones de la Biblia. Sin embargo, la liberación femenina, el racionalismo, la libertad de cultos, el segundo milenio sin cristoloco y otras tantas pestes contrarias a las mandas de Dios, les hicieron mella quitándoles adeptos, mientras que un fuerte Dios competidor, La Televisión, volvía más resistentes a las masas ante las amenazas infernales y los cinturones de castidad, con un paraíso terrenal de programas de concursos y telenovelas.

Como excelentes organismos parasíticos las sectas religiosas entonces se vieron obligadas a fragmentarse de nuevo y absorber elementos externos a sus dogmas iniciales para sobrevivir. Así, una nueva generación de micro-iglesias se adaptó al nuevo siglo, asimilando, a regañadientes, la higiene personal, una pizca de ciencia, el uso de la televisión evangelizadora y para complementar su perorata apocalíptica retazos de culturas extranjeras, como las religiones orientales.

Entonces nos topamos con un híbrido peculiar por sus características hipócritas superiores, capacidad de cripsis para vender una doctrina refrita como totalmente original y su peligrosidad, pues siendo un vector de enfermedades mentales en sus huéspedes también son un nuevo nicho en el mercado capitalista moderno. Brotan por miles, aquí y allá, y si no ven el suicidio como el medio de la santidad, iluminan al fiel con el uso de un kamasutra extraterrestre y la clonación.

Pocas cosas suenan demasiado estúpidas cuando se habla de neo-sectas. Si los cienciólogos creen que somos almas de extraterrestres encerradas en cavernícolas tras un éxodo intergaláctico huyendo de un emperador malvado basándose en la ciencia ficción de Hubbard, otros los rebasan en la escala idiota rindiendo culto a las celebridades como Elvis Presley y Marilyn Monroe, considerados bellos seres de inteligencia superior y vidas modelo.

Es inevitable reírse, sí, pero algunos grupos sectarios ya no se conforman con hacerle segunda a la TV, las neo-sectas como los Ishayas, tienen la sutileza de comerciar su producto de una manera más cómoda y “espiritualmente sutil”. En primer término, su doctrina se basa en el uso de la meditación trascendental renovada, esto es el uso de la meditación trascendental con otro nombre, con el fin de ascender a los estados de conciencia superiores originales de su religión, que comprenden, los estados de conciencia superiores ya vistos en otras tradiciones hinduistas. Para que no se les escapen los mochos indecisos, los Ishayas retuercen su origen supuestamente hindú y arcaico, con el mito de que el apóstol Juan, tras escribir el Apocalipsis se embarcó por mandato de Jesús a entregar “cierto método de purificación y meditación” a un selecto grupo de monjes, quienes entregarían estas llaves de salvación a la humanidad cuando estuviese lista en el tercer milenio. Mézclese esto con elementos básicos del new age, aderezando con un aterrizaje inmediato en la paz espiritual y la capacidad de convertirse en Buda con menos de una hora de práctica diaria. ¿Cosa tentadora eh?

Otro churro de Best Seller

La primera década de este milenio es una cornucopia de nuevos conocimientos y de secretos fascinantes develados. Los rumores y encubrimientos se divulgan como viruela por los medios masivos y las verdades prohibidas son por fin sacadas a la luz por valientes escritores, quienes con un poco de suspense, un poco menos de escrúpulos, usando estereotipos y la redacción de una revista amarillista hacen la magia de convertir unos cuantos datos imprecisos en una verdad irrebatible, que revolucionaría la historia, a no ser por los verdaderos historiadores que los desmienten. Maravillosamente si un secreto se descubre como una estúpida mentira otro salta de entre las tinieblas para ocupar su lugar en el cerebro de los consumidores.

En el caso de los Ishayas, su estrafalaria historia se aprecia tan convenientemente sofisticada que ni Dan Brown pudo haberla escrito peor. Nada más creíble y lógico que una doctrina surgida espontáneamente de entre las otras sectas, justificando su ausencia en los anales históricos por el celoso secreto de sus maestros. Estos “son” un culto milenario fundado por el apóstol Juan que viajó de Jerusalén al Tibet con una doctrina secreta y confidencial que Jesucristo no se molestó en predicar en vida, a pesar de sus piadosos efectos en aquel que la practique. Nada más emocionante que un apóstol correteado alrededor de Oriente por intolerantes sionistas y romanos que quieren arrebatarle los secretos espirituales más enigmáticos, exclusivos y ocultos de cristo, sin mencionar disponibles para todo humano desde hacía seis siglos en India.

Intriga, conspiraciones mundiales, misterios antiquísimos y persecuciones religiosas componen la leyenda de los Ishayas, la mixtura perfecta de cristianismo liviano con esoterismo oriental que hace las delicias de sus adeptos y próximamente de los espectadores en una posible película dirigida por Ron Howard y estelarizada por Arnold Schwarzenegger en el papel de Juan, Jet Li el monje Ishaya-Hinduista y Naomi Watts como María Magdalena. Clasificación B, por beata, y apta para todo público católico.

El Ascendedor

Con una historia tan excitante e improbable, ¿quién no quisiera formar parte de los Ishayas? Más aún ¿quién se atreve a perder la oportunidad única de afiliarse a un club en dónde será llamado Ascendedor? Es un apelativo interesante, más digno que siervo y con mucha más personalidad que ser humano. Ser ascendedor significa, en palabras literales de los ishayas, acercarse más a ese lugar de gozo y paz que está más allá de un “yo” y un “tú”, “llegar a ese lugar que es tu yo verdadero”… un concepto tan claro y lógico como una torpe contradicción.

Como en todas las sectas y religiones, el dogma del ascendedor no se cumple si no existe la afiliación con los ishayas, pues los misterios de Buda-Cristo que ellos guardan con celo religioso, son el único método efectivo para iluminarse en este mundo de caos y destrucción. Ni los yoghis ni los bodhisatvas, ni los budas ni los pandit, ¡el ascendedor es el único verdadero!

La antiquísima teoría Ishaya, que cuenta con arcaicos doce años de existencia, predica el estado del ascendedor como aquel que vuelve a ser similar a un niño, inocente y emocionado con todo lo que le rodea. Sin embargo su entusiasmo adánico choca contra su propia alabanza del consumo pues venden su producto también a los niños. Estos críos arrastrados al torbellino esotérico de panfletos santeros y milagros por Internet son llamados “Pequeños Ascendedores”, quienes avanzan de su imperfecto estado infantil de infelicidad y estrés a una perfección espiritual más profunda. Si McDonlads tiene su cajita feliz, los ishayas supieron vender en tamaño chiquito las técnicas de progreso espiritual. Tal pareciera que un niño común y corriente, que juega en el lodo y cuenta estrellas no es suficientemente puro de corazón para ser considerado modelo espiritual, hay que volverse niño ishaya para mejorar de veras.

Ignoro en verdad si en el estado de conciencia superior ishaya esto se aprecie como una extensión más de la lógica universal, pero en la conciencia humana inferior esto se conoce simplemente como otra hilarante contradicción. La única conclusión visible sobre ser ascendedor, consiste en convertirse en una entidad metafísica iluminada que se contradice desde sus raíces existenciales con tanta fuerza y precisión que cree sentirse cómodo y feliz con un estado de conductismo represivo. Por supuesto que ser ascendedor se percibe como un cambio importante en la vida, cuando un embauco de más de veinte mil pesos obliga al individuo a vender su auto, de seguro que sentirá como su existencia se ha transformado.

Más santo que el Dalai Lama en Cuatro Cortas Sesiones… y seis meses de retiro

Según todas las tradiciones retrógradas, pomposas y derrotistas del Budismo y el Hinduismo la llegada a la santidad requiere de años de consagración al espíritu, vida exenta de afecciones mundanas, meditación intensa que progresivamente se perfecciona y un compromiso profundo para entrar en contacto con la esencia universal, a través del Om, hay quienes aseguran que es incluso necesario reencarnar varias veces para ser Iluminado. Según los aburridos dedicados al culturismo físico, el deporte y la nutrición, un cuerpo sano es el resultado de una rutina de ejercicios constante, la ingesta de alimentos sanos y el alejamiento de vicios como el tabaco y el alcohol.

Los productos milagrosos de CV DIRECTO, prometen un cuerpo escultural en menos de un mes de uso constante y en pequeños pagos de numerosos abonos, sin necesidad de dietas ni ejercicios. Ahora bien, la Ascensión Ishaya jura al cliente reformar su vida etérea en cuatro fines de semana y una hora diaria de ejercicios contemplativos suaves… ¡qué pueden realizarse hasta con los ojos abiertos!

No hay mejores anzuelos comerciales que la rapidez y la facilidad. Los Ishayas saben esto y en su dedicada misión de predicar la paz espiritual, cobrando y exigiendo secreto para que no se piratee su producto, han creado una campaña de marketing muy efectiva, que como cualquier otra esconde un feo secretito entre los colores chillones y las caras caucásicas sonrientes.

En principio el paquete ofrece pláticas gratuitas, muestras sin costo, para entender mejor lo que se procederá a hacer en los cuatro fines de semana que dura la ascensión a las “Cuatro Esferas de Conciencia”, y según la descripción en el sitio de Internet ishaya, eso es suficiente para alcanzar la vida en concordancia con el yo verdadero omnipresente de Dios-Universo. Pero nada en el mundo es tan lindo y efectivo como se vende inicialmente, porque indagando un poco más se encuentra con la existencia de otras tres esferas no incluidas en el paquete inicial.

Y como de costumbre estas esferas contienen la “realización verdadera de a verdad en serio”, la gloria de dios, sabiduría omnisciente, la revelación y el universo origen, todo lo que necesita saber para presumirle a los agnósticos intolerantes, crear su propio culto y ser la envidia de sus amigas en las reuniones tupper ware. ¿Y cómo se dominan estas esferas?, a través de un curso adicional denominado “Maestría del Ser”, que parece no ser tan efectivo y raudo como la Ascensión anterior… pues toma no menos de seis meses de retiro espiritual para completarse.

La maldición de las letras pequeñas ataca otra vez, destapando las pestilentes semejanzas entre una contradictoria religión refrita y el consumismo televisivo. Cualquier semejanza entre ambas habladurías fraudulentas es una mera coincidencia de mercadotecnia, y cualquier falta de resultados visibles es culpa del consumidor, en ambos casos no hay devoluciones de dinero.

Venta de paz en oferta dos por uno

Se considera hipócrita, mezquino, pecaminoso y ruin vender cualquier precepto místico y religioso pues el bienestar espiritual no se compra con dinero. Los Ishayas proclaman que es Nuestro Derecho de Nacimiento “vivir esa grandeza”. Pero habiéndose ya pasado por el chakra Swadhistana los preceptos del hinduismo, engañado a los consumidores inocentones con su historia ridícula y contradiciéndose tanto o más que la iglesia católica, ¿qué les podría detener de vender al mayoreo las supuestas llaves de la Ascensión?

Nada. Con toda la desvergüenza que caracteriza al mercantilismo occidental, los Ishayas venden la salvación como Carlos Ahumada un puente, negando el precepto fundamental de la Iluminación de separación del materialismo. La cuota por entrar en la primera esfera asciende a los tres mil pesos y sigue ascendiendo a cuatro mil en las siguientes esferas. Más de quince mil pesos se invierten y lo que siga, pues los seis meses de retiro no tienen un precio específico que pueda saberse mas que por contacto directo con los recaudadores-sacerdotes.

Pero claro, quien quiere paz espiritual que le cueste, por lo general se paga con años de aprendizaje y meditación, pero quien desea paz espiritual en el mundo capitalista sin necesidad de abandonar las costumbres trogloditas del consumo, la propiedad y el estatus quo, ha de comprarla con divisas, sin importar si esto mundaniza o no el concepto de alma inmaterial que supuestamente los ishayas defienden.

Es evidente la naturaleza segregacionista de la secta entonces, y como buenos católicos reservan la salvación para quien tenga la cuenta bancaria tan grande como el corazón. Porque para encontrar “el verdadero yo” ha de tenerse la “inocencia” suficiente para pagar por nada y aquel pobretón, de bolsillo y de espíritu naturalmente, está condenado a una vida miserable y mediocre, lejos del Camino Brillante.

¡Hare Cristo!

Toda secta religiosa que quiera posicionarse en el mercado y la mente del consumidor, o como ellos dicen encaminarlo a la salvación, ha de conseguirse un profeta sapiente, evolucionado y carismático que vocifere por ellos con aparente serenidad y disfrace su falta total de fuerza filosófica con ambigüedad. Es difícil encontrar a esos seres superiores en el mundo, por un lado las religiones post-judías poseen el copyright de Cristoloco©, por otro, tanto Maharishi Mahesh Yogi como él son ya cadáveres, además el Dalai Lama viejo y calvo, no tiene la imagen atractiva, caucásica, emprendedora y exitosa que una religión progresista y trascendental quiere proyectar al público meta.

Pero los sabios Ishayas han sorteado esta dificultad utilizando el mismo método con el que crearon su disparatada leyenda milenaria de suspense hollywoodense: consiguieron un líder autodenominado Maharishi o gran vidente, para la perrada. Maharishi Krishnananda Ishaya tiene arrastra una historia muy peculiar, una historia cercana al horror, pues antes de volverse el líder espiritual de los Ishayas, sirvió en los cuerpos de élite de la marina estadounidense, siendo enviado a proclamar la paz mundial, mientras masacraba niños vietnamitas y violaba a sus madres.

Como su santísimo homólogo Herr Fürer Benedicto XVI, nazi antes que papa, después de la guerra, un viaje de Iluminación espiritual, coloreado por el alegre brillo del napalm y las aldeas en llamas, Krishnananda Ishaya se volvió devoto de la religión… del dinero, pasando a ser el CEO de una compañía yanqui multimillonaria. Su afiliación con el capitalismo salvaje de Reagan no le prohibió convertirse en un sanador tan legendario que no hay testimonio de sus milagros, y en 1996 descubrió a los Ishayas, a quienes se unió y desde entonces lidera.

El Maestro de maestros de la Ascensión Ishaya es la cara de otro de aquellos graciosos conceptos que surgen cuando se intenta endulzar el cáustico cristianismo con gotas de sabiduría oriental. Su definición es un parafraseo del Nuevo Testamento, pues “Él” (con mayúsculas y letras brillantes por favor), “es la Encarnación Viviente de la Verdad que todos buscamos”, esta temeraria declaración que fue proclamada también por cristo en uno de sus ataques egocéntricos.

Su misión consiste en “hacer que cada ser humano reconozca aquello que los sabios han enseñado durante dos milenios: que el reino de los cielos está dentro de nosotros y es alcanzable”. Claro que podría considerársele como un iluminado, tanta sabiduría hay en esa frase que a este escritor se le llenaron los ojos de candorosas lágrimas al leerla, pero en las enseñanzas del Buda Gautama.

La versión de Buda no obstante, eximia está de pretensiones mesiánicas o contaminaciones católicas, confiriendo un poco más de dignidad al individuo, proclamando que “esta verdad (la verdad del YO) tiene que encontrarla cada uno por sí mismo y constituye el verdadero Conocimiento”. Otras discrepancias incluyen que Sakyamuni no cobraba por enseñar y que adelantó al Maharishi por veinticinco siglos.

Si bien que un ex-marine, ex-empresario capitalista, ex-sanador no comprobado sea la cabeza de la secta Ishaya, guardiana de la verdad sobre la felicidad universal, es desatinado para el espiritualismo védico o budista, también es discordante para la retórica cristiana que supone a Jesús como humilde de origen y sin posesiones materiales, cabe preguntarse ¿en qué carajos cuadra el modelo ishaya a todas vistas refrito irrisorio de estas dos corrientes espirituales? Y la respuesta es: en las relaciones públicas de una empresa moderna.

Veamos la ecuación, una secta más bien comercio de espiritualismo, respaldada con una leyenda de best seller conspiracionista, plagiaria de la Meditación Trascendental en métodos e ideas, necesita todo el apoyo de imagen empresarial que un buen líder pueda darle. Su mercado meta se define como el grueso de la población supersticiosa que gusta de un esoterismo moderado con fuerte arraigo católico y eminentemente materialista, víctima de un vacío emocional depresivo y propensa al consumo compulsivo de cualquier porquería, con una tendencia notoria a confiar en bicharajos salidos de la clase A poblacional… en conclusión no podría haber un mejor líder que este supuesto Maharishi. Un sujeto estadounidense, adinerado, de raza blanca cuya edad madura y corte sobrio de cabello inspira la confianza de un hombre experimentado en los negocios y la política, provisto de una actitud jovial-humorística aunada a su ropa de impecable blanco que aseguran su santidad inalcanzable. En poca palabras todo un coronel Sanders del espiritualismo trascendental.

El Coronel Ishaya
Con eso de que en los retiros alimentan a los fieles... me pregunto con qué

Provistos de este líder tan ad hoc, con el que todas las Ascendedoras quisieran casarse, los ishayas poseerían el perfecto changarrito supersticioso, teniendo tan solo el pendiente de “santificarse” o más en claro legitimarse como secta permitida ante los ojos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y la Santa Inquisición Católica Inc.. Y para esto otro torzón. Curiosamente los Ishayas aceptan abiertamente el origen de su técnica desprende de la corriente Advaita Vedanta, que no guarda ninguna relación con cristo, utilizan los chakras para ilustrar el efecto de sus estados de conciencia y prometen en su quinta esfera la sabiduría omnisciente, cosa reservada solamente para el dios judío Yahvé.

En cualquier país subdesarrollado, ignorante, cristero e intolerante, como México, los ishayas arderían de lado a unos pobres gatos negros y gitanos, durante las fiestas de Pascuas. “Por herejes y cabrones” diría mi padre confesor, pero extrañamente los ishayas son aceptados por la comunidad cristiana y sus autoridades, donde son considerados como “inofensivos”. La explicación puede provenir de su conveniente historia digna de un Óscar, la fuerza luminosa que emana de ellos… o quizás de otro axioma que tomaron prestado de Mahesh Yogi, cuya Meditación Trascendental no implicaba un cambio de fe o religión.

Una situación idéntica a las charlatanerías televisivas de psíquicos profecionales, con “Ce”, quienes tuercen la historia y usos del tarot, runas y otros métodos paganos de adivinación adjudicándoles un poder divino cristiano, negando la herencia cultural original de costumbres ajenas al imperialismo espiritual, pervirtiendo a la vez su historia en ocasiones más antigua que el catolicismo. Aún otra ventaja de los productos vendidos por televisión, la hipocresía “sin compromisos”.

Represión inconsciente, el misterio esotérico de Freud

La expansión implosiva que teóricamente se adquiere por el método de los Ishayas acerca al adepto a su “yo superior” separándolo del mundo profano, y sin embargo arrojándolo de nuevo a la vida insulsa del capitalismo con más fuerza para soportar los retos de la vida diaria. Si usted se queda con la duda de cómo diablos existe concordia entre la metafísica iluminadora y el mundo del consumo, cómo se puede ser iluminado y burócrata a la vez, no espere respuesta. La novedosa Ascensión Ishaya promete limpiar el megalítico estrés de la vida moderna con una hora diaria de meditación que puede incluso realizarse con los ojos abiertos y mientras se realizan labores del hogar o el trabajo.

Espere, guarde su tarjeta de crédito querido lector, esta retórica Ishaya no es un producto nuevo y de existencias limitadas, otra vez la mercadotecnia actúa a favor de la secta, cambiándole el nombre a la Meditación Trascendental de Mahesh Yogi, que originaba los mismos efectos de: experiencias espontáneas de paz y bienestar, mejoría en la salud, relajación profunda y mejoría de la calidad de vida, excluyendo no obstante los adjetivos espantosos de “Gran”, “Enorme”, “Mejor” o “Fantástico” y dedicando un menor tiempo necesario para lograrlo, cuarenta minutos diarios.

La Ascensión Ishaya cuenta entre sus ventajas de producto una característica muy peculiar y útil para combatir la “filosofía derrotista en la que todos vivimos”. Cito “Las técnicas sencillas de la Ascensión de los Ishayas sistemáticamente borran las tensiones del pasado y crean la capacidad de responder a las situaciones presentes con mayor creatividad y flexibilidad” como se describe en su sitio web, con una hora de meditación al día usted podrá deshacerse de aquellos traumas mentales que lo atormentan y minan su capacidad creadora, desde la muerte violenta de su madre hasta una violación tumultuaria por militares.

La noticia triste de esto, es que no existe un método científicamente probado que borre los malos recuerdos. Científicos canadienses que utilizan Propranolol para disminuir el sentimiento de frustración e impotencia, o TEP, que se presenta en víctimas de hechos traumáticos, pero advierten que no hay algún químico que “destruya” los malos recuerdos y que los medicamentos tan solo regulan el flujo de sustancias que derivan en emociones negativas, mejorando en un cierto grado la calidad de vida del humano. Esas memorias nocivas, como las hemorroides o el hecho de ser feo, persiguen a las personas durante toda la existencia y disminuyen su alegría de vivir si no cuentan con la madurez mental y espiritual necesaria para sobreponerse a ellos y utilizarlos como un aprendizaje.

Naturalmente, como toda religión, los Ishayas aseguran tener el método eliminar para siempre esas “huellas en el sistema nervioso”, extirpando la responsabilidad del afectado para digerirlos saludablemente. La diferencia consiste en que su Ascensión libera moléculas de soma, en el organismo cuando se practica continuamente. Existe la posibilidad de que el consumidor desconozca el hecho de que el soma es una droga mitológica e inexistente, que suele identificarse con el opio en la antigüedad y que su presencia en el cuerpo o los genes, NO está comprobada.
Pero como las sectas carecen de vergüenza nuestros queridos tántrico-cristianos-esotéricos-modernos, insisten en la física cuántica de la superchería anunciando con técnicas prestadas la liberación del ser de aquella pesadumbre pasada. ¿Cómo? Lo sabrán cuando paguen los siete mil pesos iniciales que los lleven a la segunda esfera, donde el estado de conciencia es “la paz”. A menos claro que razonemos las ofertas de mejoría individual que hacen, basados en los testimonios de sus clientes satisfechos.

La “revisión de síntomas relacionados con estrés crónico y enfermedades”, “mejora considerable en la manera de manejar el estrés diario”, además de una “perspectiva mental más positiva”, los signos más relacionados con la eliminación de los malos recuerdos, son todos sinónimos del mantra escapista “todo está bien”. Esta retórica fue heredada a los ishayas por sabios autores como Robin S. Sharma y Miguel Ángel Cornejo, cuyos libros de autoayuda han superado la barrera del fraude atractivo, arrastrándose al nivel de la literatura de Cuahutémoc Sánchez, un interesante muestrario coprológico, pero jamás un conocimiento sensato que ha de adoptarse como filosofía.

El rezo prodigioso de “todo está bien” a la vez procede del principio de la represión inconsciente de Freud, un mecanismo de autodefensa mental que disminuye el impacto de las situaciones estresantes o traumáticas, dejando al individuo socialmente funcional, hasta que claro, el estrés acumulado explote en catexis suicida. La represión es un acto natural del cerebro humano, que salva de la psicosis y crisis nerviosas en ocasiones, poco o nada hay de espiritual en ello, pero está demostrado que reprimir constantemente deriva en actos nocivos para el individuo y su entorno, por lo que los ishayas deberían tener cuidado al explotar este mecanismo psicológico como un producto vendible de relajación.

Verdadera Trascendencia

La vida moderna con sus arritmias emocionales, síncopes neuróticos y escasez de autoestima requiere soluciones efectivas para evitar los suicidios y de ser posible vivir tranquilos un poco, antes de que un asteroide nos aplaste o el planeta agonizante nos devore con tsunamis y explosiones volcánicas estilo Krakatoa. De preferencia estas soluciones han de ser limpias, rápidas y fáciles, tanto como encender la televisión o calentar los residuos sintéticos llamados comida en el microondas.

Teniendo esto en cuenta es inaceptable la oferta del espiritualismo tradicional que pide reclusión, compasión y desprendimiento material. Además ¿quién asegura que esos monjes humildes, en paz consigo y la Naturaleza y empecinados en evitar dañar a sus semejantes sean felices? Cómo va a ser, si no tienen autos de lujo, grandes casas de playa y todos los objetos vendidos por el catálogo Avon de la temporada, no, eso no puede ser felicidad, pensaríamos atenidos al modelo de paz y confort consumista implantado en este orden social, a todas miras ineficaz y autodestructivo.

No hay cabida en el mundo moderno para bioéticas abstractas y convivencia pacífica, y tampoco hay muchos con la suficiente voluntad para separarse de sus cuevas con aire acondicionado en pos de buscar la verdadera realización del ego. Pero siempre cabe otra oferta más “viable”, una ventana de salvación y un “camino brillante” a la ascensión, capital, cuantificable, prosaico y medible. Como la droga de Burroughs.

Notablemente los caminos fáciles casi siempre dirigen a resultados no tan favorables ni totalitarios como quisiéramos, ¿acaso han demostrado efectividad los productos de ventas por televisión, que pintan el bienestar en un tiempo récord? Obviamente no, y entonces ¿cómo es que después de la inmunización desconfiada que la persona promedio presume tener de la ingenuidad, aún hay adeptos para los ishayas?

Piénselo, por unos pocos minutos, ¿será posible mantener un espíritu sano con una simple rutina de pilates místico al tiempo que se mantienen los hábitos modernos materialistas?, ¿qué clase de trasfondo confiable puede tener una secta que miente en su historia y reutiliza las teorías y técnicas de otras filosofías, vendiéndolas como un invento original y nuevecito?. ¿Qué clase de líder espiritual puede representar un ex-militar y un capitalista en concordancia con Ronald Reagan que presume de ser un sanador místico? Y por último ¿cree, remotamente, que en verdad pueda comprarse el bienestar del inconmensurable y enigmático “yo” con técnicas estandarizadas y una cantidad económica?

El mito de la vendimia salvaje se desmiente a sí mismo por ser un círculo vicioso de avaricias y poderes, quien compra esto o aquello posee más estatus, y en la leyenda Ishaya, quien paga por la Ascensión del Camino Brillante, tiene comprados el cielo cristiano y el Nirvana budista, además de mantener sus bienes físicos. ¡Todo en un solo paquete!

En sus doce años de vida como secta, los ishayas se han asentado en casi todos los continentes, esto es una velocidad prodigiosa que hace las envidias de la Iglesia Católica. Hay ishayas en Noruega, Estados Unidos, Canadá y en México, una proliferación prodigiosa que ruborizaría a la gripe aviar. Y todo indica que entre ser secta, charlatanes, recicladotes y risibles mentirosos, lo que mejor saben hacer es manejar una corporación multinacional.

Esta franquicia de ascensión rápida se vuelve especialmente repulsiva por la distorsión de conceptos culturales milenarios, occidentalizan sin respeto las tradiciones tántricas que de por sí ya se volvieron objetos deslucidos de la cultura pop y el estereotipo, presumiendo su total reinvención y amplia mejoría por la inclusión de unos cuantos elementos católicos y mentiras dietéticas sin fundamento científico.

Dejando de lado la redacción esotérica de folletín propagandístico de “Madam Pcíquica”, la curiosa perorata de la paz espiritual más allá de un tú y un yo que son el verdadero tú y yo, las pacíficas vibraciones que emite su sitio web de spa metafísico y el rotundo intento de convencer al público que su vida será miserable y mediocre a menos que compren su basura… bueno, dejando de lado todo esto no queda mucho que ver. Solo queda la contradicción de su teoría, falsedad histórica y científica, además del ruin intento de vender lo que otros métodos de Iluminación tradicionales regalan a quien se avoca en trascender realmente.

La Verdadera Trascendencia está lejos de ser el conveniente y cómodo paquete de liposucción abstracta que venden los Ishayas. Trascender consiste en comprender y para ello ha de aprenderse extensivamente, por medio del raciocinio y la autoevaluación, la motivación de los actos humanos, naturales, espirituales y físicos. El recogimiento de los sabios históricos, desde filósofos hasta monjes budistas, no demuestra más que un esfuerzo contemplativo para vislumbrar la dimensión y germen primigenio del Ego, unido inevitablemente a todas las criaturas vivas, pero separado de los caprichos materiales y la destrucción que el poder desencadena.

Se dice que la voz interior verdadera tan solo se manifiesta en el silencio de la soledad, en la meditación profunda y cuando se ha aprendido a escucharla hablará de si misma con claridad, legándonos el conocimiento del ser propio.

Ridículamente los ishayas comercian negando estas verdades, asegurando que su corta guía puede llevar al ser humano, en menos de lo que se vacía una cuenta bancaria, a un estado de superioridad aria, en un encantador retiro new-age para luego regresar tan campantes al engranaje del monstruo urbano, a las ventas nocturnas del Palacio de Hierro y a la Iglesia a besarle la mano a los pederastas.

Y para cerrar, otro pequeño anuncio de CVDIRECTO para este producto infaltable en su lista de fraudes cómicos:

¡Sin filosofía, sin esfuerzo, sin alejamiento material, nada de libros ni pensamiento, católica cien por ciento, con los beneficios acumulativos e inmediatos del condicionamiento pavloviano, tan fácil que hasta un militar sanguinario puede, completamente mundana en vogue y contradictoria, así es la Ascensión de los Ishayas, el Camino Barato a la Iluminación!

¡Llame ya! Tenemos para usted la verdad de quien es en realidad, una verdad que usted jamás podría descubrir por si mismo sin nuestra ayuda, porque en verdad ¡se la vamos a inventar también! Como dijo Maharishi Saddasiva Isham “cueste lo que cueste” y le va a costar así que haga su alcancía porque el que no paga no entra al reino de los cielos del Nirvana del chakra de la Ascensión del Soma de Nuestro Señor Jesucristo por los siglos de los truenos santos, Om.

San Ishaya Redentor hazme Bodhi por favor

Mirad la paz espiritual encarnada en el exquisito y divino arte Ishaya

Para Gato Clonado

Maharishi Pandit Aarya Lama Kaamadhenu Narayana Cef

.C.

domingo, 22 de junio de 2008

Yo NO me meto mugrero… nada más veo Televisa


Cuando de infante mi madre y abuela decían “no te metas ese mugrero”, por lo general prohibían el acto de colocar en la boca cochinillas, escarabajos y cucarachas a riesgo de llenarme de verrugas, además del peligro altísimo de perder el cabello si acaso me daba la gana tocar una polilla. Ahora que soy un hombre semi-calvo, se que la alopecia es hereditaria y que al igual que las verrugas, su causa es más la degradación humana que la curiosidad entomológica. Y asiduo a los desengaños infantiles, el término “mugrero” parece haber cambiado en la actualidad.

Sacando la cabeza para respirar, a través de la ventanilla de un rústico autobús en camino a la frontera con Zacatecas, me topé hace algunos meses con los anuncios espectaculares erigidos por el Gobierno de la Gente y patrocinados por los Impuestos de la Gente. La moda propagandística del gobierno coahuilense solía ser una frase acogedora y hogareña de seguridad, “el profe me cuida”, tan repetida y omnipresente que se tornaba en una fea amenaza de corte orwelliano, potenciada por la fotografía de una mujer con collarín que dudosamente sonreía, y traducida por los paranoicos como “el Profe te vigila”. En este reciente vistazo a las horribles pancartas perennes, hallo en su lugar un clamor, tan coloquial, espontáneo y juvenil, que parece escrito por manos publicistas: “Yo no me meto mugrero”.

Yo no me meto, tú no te metes, nadie se mete

Si acaso usted lector habita Saltillo, sabrá a que me refiero, lo que vi y aún veo al abordar una ruta 14, es un colosal desperdicio de plástico, donde las caricaturas de dos adolescentes andróginos, ataviados al supuesto estilo dominante, “emo”, sonríen orgullosos de su lozanía y refieren el slogan en una divertida tipografía torcida que resalta “NO” con un tono rojo prohibitivo, siguiendo la tradición conductista de la publicidad gubernamental.

Sin ánimo de criticar la iconografía estereotipada que reduce la mentalidad juvenil a la única subcultura vendible, la piel blanca de ejemplares individuos mexicanos y la notoria delgadez olvidadiza de que Coahuila es el estado con mayores índices de obesidad y diabetes del país, estas imágenes infrahumanas poseen más la fisonomía de un adicto al crack, que de jóvenes sanos y comprometidos con la democracia. Resulta esto curioso si se llega a la conclusión de que el citado “mugrero” es el denominativo satanizador que da la campaña a la gama copiosa de narcóticos que pululan en la urbe. Las drogas, dicen, depredan en tentadoras encarnaciones a la indefensa juventud saltillense, casi como demonios voluptuosos con cabeza de cigarrillo, botellas de brandy como piernas, cuerpo reemplazado por bolsas de solventes y cabello hecho con brotes de marihuana.

Analizando el lema moralizante, el “yo” es un sinónimo del “tú”, sugiriendo la equidad humana y la obligación inherente a imitar todo acto a la vista, así un buen consejo se convierte en una orden y una idea estúpida ejecutada por las mayorías en moda. Todo parece indicar que los estadistas, admirables autores de esta campaña con tantos precedentes fracasados que se torna aburrida, conocen a profundidad el tema de las drogas. El verbo “meterse” es el más adecuado para ilustrar el acto de consumir un narcótico. “Yo NO me meto mugrero”, funciona como un ordenamiento contundente a evitar introducir sustancias en cualquier cavidad corporal, oído, cuenca ocular, nariz, poros o recto.

La intención de la campaña es buena, imposible cuestionarlo, las eras y civilizaciones han demostrado que la satanización es el método más efectivo para causar ignorancia, miedo y persecuciones intolerantes que declinan en masacres, además el conductismo prohibitivo es la psicología de alta eficiencia que usan los diez mandamientos, previniéndonos de matar, violar, robar, codiciar y desear la mujer del prójimo…

Claro la intención es excelente, pero no hay miras de que el objetivo sea viable o remotamente realista. Para prueba, tomemos el hecho de que en la última Semana Mayor, el índice de consumo de estupefacientes se alzó, mejorando las ganancias de aquellos dedicados a lucrar con el vicio, narcomenudistas, y de honrados comerciantes que se enriquecen, involuntariamente encaminados por los demonios, los tristes ferreteros vendedores de pegamentos y los propietarios de depósitos etílicos y Modeloramas. Se cree que estos últimos irán derechito a la urna de las limosnas a depositar las cantidades millonarias ganadas con el fin de que se purifiquen (laven) comprando fincas a los frailes y ferraris a los nuncios.

Hasta el más ingenuo de los junkies se reiría de tan pobre intento para alejar a la juventud del “mugrero”. Existen tantas drogas que invariablemente se adecuan a la necesidad o experiencia deseada por el usuario, sea cual sea su clase social, afiliación partidaria o frustración, en ello radica gran parte de su carácter adictivo y en ocasiones irresistible. Si en el gobierno de la gente, los militantes priístas juveniles quieren ver un mejor Coahuila transformado por arte de mitomancia, el LSD ayuda, y en el caso de que los júniores elitistas acaudalados deseen reforzar sus murallas segregativas con más negligencia, pueden recurrir a los barbitúricos que les anestesiarán el horrible dolor de tener que compartir el mundo con los “escatológicos” pobres.

Las drogas, omnipresentes y más viejas que las religiones no se irán con espectaculares y anuncios televisivos mediocres, a diferencia de los cultos deíficos, su alquimia placentera, natural o artificial, provee realmente de un éxtasis científico al individuo. Y este placer, su misterio, asegura que pocos de sus feligreses abandonen la fe. Dijo el sabio Burroughs, que los adictos usan la droga para mantener alejado al “mono”, el espectro de la vacuidad y el hastío que provoca en realidad la Muerte y la desesperación, más que cualquier sustancia.

Metidos en el mugrero

Por si fuera poco el escandaloso listado en neón de los errores en que incurre la campaña juvenil anti-drogas, uno de los más poderosos y adictivos “mugreros” se escapa entre su destartalada inutilidad. El peligro de encontrar un narcótico en todo hogar saltillense o mundial es enorme, no obstante una sustancia putrefacta, nociva y adictiva coexiste en armonía con los habitantes desde hace más de medio siglo, proliferando en varios cultivos por vivienda y próximamente en alta definición.

Este mugrero, que no se inyecta, ni aspira, sino más bien se observa y entra por supositorios, mentalmente hablando, provoca terribles efectos en los usuarios ocasionales y los adictos crónicos. Un breve sumario incluye: la disminución de la actividad mental al punto del adormecimiento facultativo, en el cual el individuo entra en un estado de suspensión intelectual, las ondas Alfa cerebrales caen por debajo de la cantidad base, sujetando literalmente la atención del sujeto al monitor. Se suscita una merma en el pensamiento creativo, adaptando la cognición a las imágenes recibidas, que se configuran como la “realidad”. El sentido orientador del cerebro queda enfocado en los estímulos audiovisuales, cuyos rápidos cambios, cortes, ediciones y terminaciones mantienen al usuario en un estado de atención “hipnótica”, en el que la vigilancia se activa en repetidas ocasiones por minuto, algo similar a un choque eléctrico que obliga a mantener la observación de manera casi involuntaria.

La droga a la que me refiero, no condenada y más bien utilizado por la campaña mugrero, es cómo ya habrá usted adivinado: la televisión. La exposición prolongada a sus estímulos se torna físicamente nociva para la actividad neuronal, y reforzadas las imágenes con estatutos ideológicos del consumismo, la negación, diversas clases de misoginia, morbo y actos idiotas recompensados, el daño se dobla llegando al punto de mortificar la salud psicológica y física

No te metas con la tele, deja que la tele se te meta

En este punto, estoy seguro que una cantidad considerable de protectores y entusiastas de la caja-imbécil, saltarán como pinchados, aduciendo la inviabilidad clínica de llamar “adicción” a las cinco horas promedio de exposición en el infante, joven y adulto común a comerciales y programas de entretenimiento vacuo. Ya puedo verlos sintiendo agresiones de intolerancia y escándalo a esta noble tecnología que calienta los hogares con su tibio y balsámico brillo, pero como siempre, la ciencia tiene un argumento preparado en contra de las sandeces suavizantes que irónicamente se olvidan al hablar de otras drogas tales como la cocaína.

Hace casi cuarenta años el profesor Gary A. Steiner de la Universidad de Chicago investigó los efectos producidos en varias familias por la avería de un televisor. Y si llegan a pensar que un experimento realizado hace cuarenta años carece de validez actual, mediten de nuevo, pues entonces la convivencia con la televisión era mucho menor y por ello, los efectos presumiblemente más leves. Steiner descubrió, para su horror, que la familia muestra “caminaba por la casa como un pollo descabezado”, constantemente estresados, infelices y bordeando constante violencia física y verbal, al ser privados de su “entretenimiento” favorito, una parte esencial de su rutina vital. Supongamos que esta situación se diese a nivel masivo en la actualidad, y la tercera guerra mundial ya no sería por el agua.

“La tele es parte de ellos”, mencionaban las madres, “la tele es parte de nosotros” denuncian con su depresión, infelicidad y ansiedad los sujetos de los experimentos posteriores, que reiteraron fuera de dudas que la televisión genera síndrome de abstinencia en los usuarios. Faltan solamente unas pocas modificaciones en el DSM-IV y las leyes de sustancias actuales, para considerar al rectángulo de la mediocridad como un peligro latente. Por desgracia, también faltaría una revolución cultural que encaminara a los humanos en sentido opuesto a colisionar por deseo con lo dañino.

La variedad narcótica asombrosa ya mencionada aplica también en cuanto a la droga viso-fecal, con la única diferencia que no varían sus efectos, sino que su categoría deriva en diferentes presentaciones, llámense canales. Tristemente en México, este mugrero posee reducidas manifestaciones, restringiéndose a menos de 10 canales libres, entre los que sobresalen uno potencialmente nocivo: Televisa.

Metiéndose un sueño

¿Qué puede ser más denigrante y triste que un chico con síndrome de down bailando amaestrado en un programa explotador del sentimentalismo que gana dinero manipulando a las masas ociosas? Sólo aquellas masas ociosas que se divierten enternecidas con los ridículos ajenos y el morbo ilustrado en dosis diarias que les administra Televisa. Sin contar la presencia de su “bohemio” clon TvAzteca, también llamado TVyDefeca, Televisa impera en los sistemas metabólicos de la mayoría mexicana. Esto incluyendo a los adictos juveniles que sin empacho absorben este silencioso, pero nunca sutil, “mugrero”, deseosos en secreto de convertirse algún día en sus esculturales personajes favoritos, bendecidos por una estulticia sobrenatural, que parece alejarlos de todo mal pensamiento… o cualquier pensamiento.

Los efectos opiáceos producidos por la intoxicación visual con miasmas del alcantarillado, incluyen episodios alucinógenos en los que el adicto a Telemisa llega a creer que vive en una dimensión paralela y cuadriculada, reflejante, en una manera burda de la realidad mexicana. El nombre común que se da a este tipo de mugrero visual es telenovela. Por excelencia en esta mísera alucinación existen rasgos elementales que determinan su falsedad, por ejemplo, en el universo del mugrero de Televisa la gente obesa es prácticamente inexistente. A no ser por unos cuantos estereotipos “graciosos y nobles”, todos los habitantes primordiales e importantes, se muestran como una imagen acartonada de la “belleza”, enjutos, de facciones afables y tez clara, suponen una población refinada y reinante en la fantasía gaseosa, por flatulenta, donde el adicto pasa en promedio nueve años de su vida.

En este micro-universo, donde las tonalidades psicodélicas se reducen al rosa chillón y el azul celeste, la contaminación tampoco está presente, la pobreza es mínima, poco visible y los pobres exudan no hambre, desesperación, ni enfermedad, sino una sabiduría austera y esperanza perpetua de ser ricos. La justicia institucional es infalible y las necesidades excretorias del organismo quedaron suprimidas por la misma evolución improbable que pobló la Tierra con gente “bien”. En este sentido, unas cuantas horas consumiendo telenovelas, suponen un viaje quimérico más irreal que los de Dalí y más chocante que las Pinturas Negras, tan apabullante que ni un kilogramo del mugrero LSD podría igualarlo.

La superficie, o el nivel de intoxicación donde estas imágenes abundan se compone de las telenovelas, en menor medida de reality shows, e incluso noticiarios parciales. Cabe aclarar que esta categoría de alucinógeno televisivo, afecta tanto a adultos como jóvenes. Evidencia de esto es la tradición de Televisa para producir telenovelas juveniles e infantiles desde que sus capos principales, el Cártel de los Azcagada (conocidos por unos pocos como los Azcárraga), dieron cuenta del amplio mercado a capturar además de la facilidad y economía de su producción. Esta se realiza a partir del reciclaje continuo de clichés, exageraciones de la realidad y destilados de novelas de la Onda. Entre los procesos para fabricar novelas juveniles también se encuentra la costumbre de importar materias primas desde Colombia.

El consumo de Televisa posee un efecto de anestésico que rivaliza con la morfina. Los noticieros patrocinados por las élites económicas y el gobierno federal, tienden a nublar la visión de la realidad en el espectador, vendiendo un simulacro de país en dónde se promete que la guerra contra el narcotráfico es un problema menor próximo a resolverse, la miseria extrema de los indígenas es aliviada por una despensa anual y la esterilización obligada de las mujeres, la crisis petrolera se resolverá con ayuda de nuestros amigas empresas antropófagas extranjeras y principalmente que nuestra vida democrática, tan elevada, es entorpecida por la opinión crítica de unos cuantos malagradecidos bocones, movimientos pacíficos y la actividad analítica en general. Ante tan alentadoras noticias, el invariablemente crédulo mexicano, sentirá un dulce alivio de las tensiones sociales que lo atormentan, pues al momento en que el encéfalo recapta las moléculas ninguneadoras y optimistas de la televisión, da cuenta de que los horrores decadentes que lo circundan no son tan graves como creía.

Colateral a este embotamiento, existe un nivel notable de insensibilidad hacia impulsos externos desagradables. Así, el televidente anestesiado es inmune a molestarse en lo más mínimo por problemáticas sociales graves y se torna olvidadizo a lo que en algún momento formó escándalo. Un adicto a Televisa ignorará la muerte de miles en China y el cercano horror de las Muertas de Juárez si tiene la posibilidad de ingerir una ronda de “clásico de fut” o un supositorio visual de Pasión.

El daño cerebral que se atribuye al uso continuo de solventes, alucinógenos y tranquilizantes, coincide (otra vez) con la exposición prolongada al televisor. Si México ocupa el lugar número 39 de una lista de 40 países en un estudio de lectura no será culpa de la marihuana o la nicotina. Pregúntese usted ¿qué hace con su tiempo aquel ser humano que lee menos de 2.9 libros al año?, trabaja, sí, quizás juegue ajedrez, quizás escriba poesía, incluso puede pensarse que practica algún deporte, por desgracia la respuesta más común es la adicción a la televisión. Televisa siempre preocupada por generar el bienestar en sus adictos, absorbe un porcentaje de las necesidades mentales del individuo simplificándole la vida. El raciocinio, pensamiento creativo y la necesidad humana de absorber conocimientos nuevos, son suplantados a partir del consumo televisivo por la acción de memorizar los comerciales más graciosos, nombres de celebridades y la hora de transmisión de los programas más amarillistas.

Entre los efectos de la cocaína se resalta aquel del incremento en el interés y el placer sexual. La programación de Televisa, está repleta de mensajes que apelan al sexo como método de atrapar la atención del adicto, difiriendo en que solamente el deseo se amplifica y el placer es nulo. La presencia de contenidos misóginos, empecinados en mostrar a las mujeres como objetos sexuales y organismos que deambulan con el solo interés de aparearse, amplifica el alcance del machismo y la misoginia, además de incrementar la importancia de actividades lúbricas en las relaciones sociales. En el alucine televisivo el sexo vende, da placer, estatus, está de moda y carece de consecuencias embarazosas.

Si alguien “no se mete mugrero”, en esta época es digno de alabanza, no obstante el número monstruoso de televidentes en México, cantidad que rebasa a quienes cuentan con agua potable, vuelve difícil congratular a un individuo por estar “limpio”.

Yo, si me meto mugrero, NI me entero

Asombrosa es la cantidad de similitudes que Televisa comparte con casi todos los tipos de narcóticos. Funciona como un depresivo del sistema nervioso central hasta el nivel del retraso mental, tranquiliza al usuario y opaca su percepción a modo de alucinaciones. En sí es el estupefaciente más barato del mundo, si ignoramos la cantidad de productos inútiles que el adicto se ve obligado a consumir debido a la publicidad. Los cambios de hábitos que la necesidad compulsiva de ver televisión genera, van desde el abandono de actividades familiares hasta la adopción de corrientes populares de vestimenta y lenguaje, hecho risiblemente notorio en la población juvenil. El síndrome de abstinencia ya citado degenera en un sentimiento de inseguridad personal y auto-desprecio al no poder verse como los objetivos humanos planteados por la telebasura, en consecuencia, otras pequeñas adicciones, léase consumismo y borreguismo, ensanchan el vacío dejado por Televisa en el adicto, esta peculiar característica es única y propia del narcótico televisivo.

Asombroso es también, el triste desliz que cometen la campaña “Yo NO me meto mugrero”, y todos sus precedentes que lejos de prevenir sobre los efectos nocivos de la televisión, pavonéanse en este medio masivo, llevando su mensaje parcial e inquisidor de condena a los estupefacientes, cuando estúpidamente su transmisión se refuerza en el uso de la más nociva y denigrante adicción que ha concebido el hombre.

“Yo no me meto mugrero”, tampoco mete información, los sabios publicistas olvidaron reforzar su campaña con datos duros y anecdóticos sobre los efectos que el consumo excesivo de narcóticos provoca en el organismo, deduciendo que debido a tantas campañas anteriores, sólo es necesario un recordatorio de que los estupefacientes son "mugrero" y es inútil proveer una razón firme de porqué se les considera así.

Mientras los preocupados seguidores del “Profe Moreira”, y Su Alteza Felipe Calderón aconsejan a los jóvenes alejarse a toda prisa de cualquier polvo blanco o forma de cigarro, sea por medio de campañas inútiles o pruebas de orina forzadas, su buen amigo el televisor pregona las bondades festivas del alcoholismo mientras convenientemente anuncia sus ambiciones políticas. Afuera del bonito cosmos del México lindo y querido, gente de valores, jóvenes emprendedores sanos, tierra rica y empleos crecientes, la realidad es tan fea que lo mejor sería ignorarla.

Tres de cada diez alumnos de secundarias y preparatorias son adictos a algún estimulante, informa el sector Salud, la idiotización crónica merma la capacidad intelectual de la juventud, ruedan las cabezas tan comúnmente cuales maromas desérticas, en los raves el uso de drogas es propiciado sin responsabilidad. Y el problema no es simplemente la influencia de un medio gangrenado por la violencia y la falta de valores cristianos, corresponde a la convivencia familiar. Inicia desde que los padres aconsejan u obligan al infante a ver televisión para tranquilizarse, entretenerse, educarse y “estarse quieto”, con la mente en blanco. El crecimiento cercano al televisor consume lentamente la capacidad cognitiva, formando individuos de voluntad marchita, ideas predigeridas y ambiciones de telenovela.

Tal es así que el consumo de drogas es de esperarse como consecuencia natural a un desarrollo personal atrofiado. Por ende las campañas entusiastas y leves como “Yo No me meto mugrero”, carecen de cualquier utilidad al no contemplar entre su catálogo de demonios a Televisa, y sus asiduos. Esta adicción masiva, crónica e involuntaria, incontrolada, neurocida, es la menos noble de todas, pues el único efecto que no contempla entre sus alteraciones al organismo del individuo es la estimulación del sistema nervioso y el tan descuidado encéfalo.

Para el Gato Clonado

.C.

miércoles, 21 de mayo de 2008

¿Diferencia entre animales y humanos?


Para quienes lloran cuando recuerdan las últimas noticias de cuántas personas murieron por terremoto, inundación, inanición o acción estúpida de otros humanos; para aquellos enternecidos que se tambalean cuando escuchan la palabra "infanticidio" y estarían deseosos de salir a linchar al responsable de las Muertas de Juárez, et al en otros países, para los que con horror y pena recuerdan la muerte de nuestros "compañeros humanos" en el holocausto, he preparado esta pequeña imagen.

Para aquellos que llaman monstruo al caníbal y bestia salvaje al tigre, pero idolatran cual artista al curtidor, valiente al cazador y se calientan con los machísimos toreros... esto es un recordatorio de lo similares que somos animales y humanos, con la única excepción de que nuestra especie parece estar empecinada en la auto y codestrucción, en una suerte de suicidio y omnicidio ridículo e injustificado.

La próxima vez que coman un exquisito jamón español pata negra, o una suculenta chuleta con puré de manzana, recuerden que estamos a pocos cromosomas de distancia de los cerdos y las reses.

Bon appétit!

.C.



domingo, 27 de abril de 2008

Cambio Soma por Prozac

Mucho me temo que mucho les debo a los norteamericanos. Y no solamente yo, sino, mucho les debemos todos en el globo. Además de la deuda eterna mexicana, la deuda de sangre afgana, la deuda infantil de napalm vietnamita y los tributos imperiales que aplican a todos los países donde el Tío Sam deja una fábrica de Nike por allá y una democracia por acullá, tenemos una paga cultural que debe realizarse a la sazón del honor.

Los países subdesarrollados se morirían de tristeza y hambre sin la sonrisota de una cajita feliz para rellenar su canasta básica, el aburrimiento aturdiría a los desafortunados tercermundistas carentes de las carcajadas artificiales de series tan profundas y edificantes como Friends, muchas mujeres se perderían de la verdadera liberación femenina proclamada, con ayuda de estereotipos sexuales, en Esposas Desesperadas y nadie sabría lo que vale realmente la vida, hasta verla brutalmente erradicada de un país en el programa favorito de la familia americana con horario estelar: la Justa Guerra en Pos de la Libertad.

El mundo sería otro sin los Americanos, primero, porque todos los que vivimos en América lo seríamos, no sólo ellos que se achacaron la responsabilidad de dirigir el continente, segundo porque la industria de la música volvería a ser el arte de la música, y tercero, pero no último, porque la autonomía cultural podría florecer otra vez.

El largo brazo de la ley yankee, larguísimo por metiche, rige con firmeza en los lugares más insospechados, desde los kilos de grasa en infantes con deplorables hábitos alimenticios, hasta el buffet de iglesias cristianas refundidas en lo más profundo de las junglas hindúes. Ahí los nobles misioneros se abanican el calor con billetes de cien dólares y se limpian el culo con impresos de los sacros vedas. Numerosos restaurantes de Mc Donalds manufacturan hamburguesas vegetarianas, porque se hacen con vaca que come solo plantas, ignorando las costumbres éticas hindúes. Las tradiciones y vestimentas nacionales son suplantadas sistemáticamente por medio de la auto-vergüenza obligada y descarada propaganda a favor del welfare gringo.

Mucho me temo que mucho le debe la India a los Estados Unidos. Hagamos un pequeño recuento de las bonanzas made in USA importadas a esta nación:

En religión y humanismo:

Un país iluso como India, con un mínimo desarrollo cultural que data de hace más de cinco mil años, necesita hoy como siempre el auxilio ideológico del evangelio, que data de nada más dos mil años y que cambia con cada movimiento de la bolsa de valores Y/o capricho arbitrario de fanáticos pro-vida.

Afortunadamente, grupos humanitarios como Christian Aid y MICM, ya se adelantaron a las necesidades hindúes, e incluso a las remotas peticiones de evangelización, dedicándose en cuerpo y alma a imponer la fe cristiana, o post-judaica para evitar correcciones burocráticas. Erigen una nueva Trinidad, bien progresista para aliviar el atraso espiritual de los confundidos seguidores de Buda. Esta nueva Persona divina sustituye a los Tres Dioses Principales del hinduismo, Vishnú, Siva y Brahma, por el siempre tolerante Jerry Falwell representando al dios conservador, Tomas de Torquemada como el dios destructor (digno de temerse) y a John Harvey Kellogg, el dios creador y encargado de la purificación de los paganos, por medio de enemas forzados y mutilación genital.

No conformes con sanear la ridícula y nociva fe hindú, que promueve la imposible igualdad entre todos los seres del universo y el respeto divino a las cochinas y satánicas vacas, los cristianos también metieron su cuchara en la economía y salud de los pobladores hinduistas. De esta manera si un leproso acude al hospital de caridad, es tratado y no se le cobra un centavo… hasta tiempo después de su recuperación, cuando habrá de pagar con dinero la cuenta monstruosa o convertir, de manera también monstruosa, a sus familiares a la fe cristiana. Cada convertido vale por una cierta cantidad de dólares y si uno se vuelve misionero, cabe la posibilidad de recibir bonos de despensa y una Biblia completamente gratis. El mismo método aplica para casas de empeño, cuevas de usura, dónde prestan si se prestan a empeñar el alma de sus hijos al señor todopoderoso.

Así pues India le debe la libertad de cultos a las misiones, mayormente estadounidenses, porque desde la perspectiva de Cristo y Co., el que no está con él está en su contra y los que están con él son libres, siempre y cuando aprueben TLC’s y se liberen a sí mismos de la libertad de elegir otra religión.

Infortunadamente los humanos somos ingratos, nada más grosero de que defender neciamente la propia cultura ante el intento acosador de ser convertidos a otra mejorcita, aunque no se desee. Tal es así, que ciertos fundamentalistas terroristas primitivistas presumiblemente abortistas hindúes, se niegan a recibir al cordero de dios, alegando injurias contra los misioneros, ¡hasta violentándolos! cuando éstos sólo intentan introducir la palabra de dios en sus hogares, casi siempre hasta la cocina y por la fuerza.

Como de costumbre los misioneros, limpios de todo pecado, se ocupan de tirar las piedras que sean necesarias para descalabrar las religiones autóctonas, recordar a los hindúes que todos somos culpables de tener impulsos naturales y hacerse las víctimas ante los ojos del gobierno y los feligreses del mundo. Los 22 misioneros arrestados el 20 de marzo de 2007, bajo acusaciones de proselitismo, violación de hogar y ofensas intencionadas con el fin de destruir la paz, sabrán a qué me refiero. En esta situación la intolerante, racista y fundamentalista población de Bada, denunció a estos mártires por distribuir propaganda pro-cristiana y anti-hinduista.

Pero los misioneros no se rendirán jamás, afirma un estudioso cristiano anónimo por seguridad, en el sitio web www.unored.com, ellos no temen a la minoría anti-cristiana de menos del 1% de los hindúes, porque la mayoría está contentísima de recibir a Cristo S.A. de C.V.. Debe reafirmarse que aquella es una mayoría etérea, asegurada por las observaciones del erudito encubierto, que no necesitan investigaciones, y entre la que, obviamente, no se incluye el poblado de Bada ni los globalifóbicos retrógradas que exigen la no intromisión de los cristianos en su devenir cultural.

Auxiliados por el Ku Klux Klub Social, los cristianos con solidez afirman no irse, hasta que todos los demonios sean exiliados de India, o por lo menos hasta que el Taj Mahal sea declarado oficialmente templo de cristo, por los siglos de los siglos santos, amén.

En Cultura:

Los estadounidenses son muy cultos, saben todo del mundo entero y quieren transmitir su erudición a India. Por supuesto, en su perspectiva el mundo entero significa Estados Unidos, y el ser culto, la sabiduría de la obediencia. Por parte del graduado de Yale George W. Bush, el objetivo historiador Dan Brown y la doctora en bromas genitales Sarah Silverman, viene para los hindúes una revolución cultural, al módico y nimio precio de perder cinco milenios de sublimes tradiciones.

Si el maestro Ram Madhav Varasini en su conferencia “Espiritualismo Hindú vs Global Materialismo”, expone el escándalo de una invasión indiscriminada y voraz por parte de las costumbres globales en detrimento de la cultura india, se equivoca. En verdad la invasión es innegable, pero no global, pues la cultura más promocionada como la mejor encaminada para el crecimiento del ser no proviene de todo el mundo, sino que se compone, casi en su totalidad, de la moral gringa.

Desde la década de los 80’s se observa una fuerte “americanización” en la población hindú, principalmente el sector juvenil. Varasini menciona la existencia de una trampa materialista, compuesta por un desprestigio paulatino de la cultura autóctona de un país, cuando es ridículamente comparada con la occidental. Los ataques se realizan de manera sistemática y masiva, con el auxilio de los medios informativos, de este modo promocionan la idea de que siempre es más cómodo vestir jeans y playera de marca, a seguir utilizando las vestimentas originales de India.

El modo de vida hindi también se ve trastocado por esta guerra sucia del materialismo irracional. Si el sentido común promueve la meditación y la frugalidad como una medida para apaciguar las bajas pasiones del espíritu, el yankee-style ordena alzar todas las bajas pasiones a través del consumo y el arte de ver televisión, hasta que ya no se recuerde lo que significa tener espíritu.

En este horror de hipocresías, carpe diem y spring breaking, se ve envuelta la música. Los atroces videos, versiones del éxito pop “Thriller” de Michael Jackson, producidos en India, muestran el severo daño que las aparentes bagatelas masivas de USA, generan en el pensamiento artístico de una región. Pero de nada hay que preocuparse, cuando los hindúes lleguen a poseer el nivel intelectual tan bajo y controlable de los estadounidenses, no existirá nadie que extrañe las antiguas manifestaciones musicales, la danza tradicional o ninguna expresión que no se transmita en la cadena FOX.

Espiritualismo:

La construcción mítica hindú es mosaico de alegorías magníficas que exploran el nacimiento y crecimiento del universo según las características geográficas, físicas e ideológicas de sus creadores. Es una parte primordial del pensamiento espiritual hindú que debería conservarse a toda costa. No obstante hemos de reconocer también el avance cultural que representó el movimiento Beat y el Psicodélico, donde se perseguía una estética distinta a lo convencional, casi mística, por medio de la introspección y el uso de narcóticos.

Unir dos expresiones contemplativas de esa profundidad seguramente derivaría en revelaciones dimensionales de sapiencias inexploradas. Sin embargo el turismo interno no es negocio, la introspección no reporta beneficios cuantificables, que engrandezcan el volumen tumefacto de nuestro bienamado sistema material. Entonces los estadounidenses han hecho algunos ligeros cambios en lo que a travesías espirituales hindúes se refiere. Primero, habrá que olvidarse del Soma, la droga benéfica no adictiva y que representa el placer completo, para llegar a la verdad eterna de la conformidad no es necesario ni siquiera el LSD6.

A falta de estas drogas catalizadoras de la iluminación, los gurús gringos, nuevos pensadores que defienden la Lobotomía como sinónimo del Nirvana y el psicoanálisis a la Freud como superior al pensamiento Socrático, recomiendan el uso de la fluoxetina, más barata y más estable que otras sustancias.

¿Quién necesita de la apreciación del universo como un sistema vivo que contempla todos los estados de la existencia y provee conocimientos sublimes sobre el alma y el ser, cuándo por medio de un viaje de Prozac puede aceptarse con una modesta sonrisa que el cuarto es cuadrado, porque es cuadrado, y si el sheriff te ha golpeado salvajemente, es porque algo malo has hecho?

Con el uso de esta maravillosa droga prosaica y “normalizante”, la felicidad verdadera está más al alcance de la mano que del alma, y se compra en frasquitos sin necesidad de redundancias filosóficas agotadoras.

Estas y otras numerosas recompensas derivan directamente de la presencia americana en países como India, que tiene la enorme fortuna de encontrarse en la mira militar yankee, cuando acaben de amenizar Irak, Irán y demás países del Medio Oriente.

Ahora es evidente por qué pocos se resisten a la americanización, y los que lo hacen terminan pobres como Cuba, que solo por su orgullo se sostiene. ¿Qué no ven los beneficios innegables de ser invadido? En Afganistán ya hay más riqueza per cápita, porque la destrucción facilita la distribución más justa de las ruinas y habiendo mucho menos población viva todos tienen más riqueza en metales, en rifles, balas y minas antipersonal.

Actualmente India está en grave peligro, su conocimiento antiquísimo y bellezas artísticas están siendo suprimidas con rapidez por la fuerza de extranjerismos materialistas, religiones autocráticas que añoran el control inquisidor perdido en otros países, y una cultura vacía, apócrifa de nombre global, pretenciosa de unificar a la diversidad mundial, cuando solamente busca homogeneizar el globo, haciéndolo más dócil y adecuado para cumplir los intereses de unas cuantas corporaciones primer mundistas. Como los tigres asesinados por malicia, necedad y ganancias superficiales, desaparecen los ideales biocéntricos y humanistas de la cultura hindú, el capitalismo dice “NO” a la hermandad universal y los monstruos industriales cambian monjes budistas por burócratas cristianos.

Ram Madhav Varasini advierte sobre el peligro de la globalización en su país a la vez que manifiesta su preocupación por México, hermano de India por sus raíces culturales. Hace un llamado, que yo secundo en este texto: el de pagar a los gringos lo mucho que les debemos, pero no a fuerza de sangre, muerte, imposiciones y uniformidad controlada, más bien como la Tierra que responde con flores a los escupitajos. Es necesario solventar esta deuda hiriente con la defensa intelectual y artística, de la cultura original y el espíritu diverso, incontrolable por su vigor, para detener la grisácea cubierta de un modelo existencial enemigo de la vida y la libertad natural: la globalización.

.C.

lunes, 21 de abril de 2008

De Racismo I

Los racistas... bichos curiosos, en especial me llaman la atención los skinheads y algunos más sofisticados, como los que, además de recurrir a la estúpida violencia, arrastran el precepto hitleriano de la superioridad aria probada en el arte. Recuerdo haber visto un sitio de nacionalistas americanos vanagloriarse del trabajo de Plinio el Viejo y Caravaggio, argumentando que ni negros ni judíos (y obviamente nadie más que los blancos) podían aspirar a tal maestría fuera en arquitectura, música, literatura o su favorita: la invención de prejuicios...

Leyendo un poco más me di cuenta de lo obvio, el Frente para la Protección del Occidente es poco más que una irrisoria página de odio planeada por chiquillos estadounidenses xenofóbicos y mentalmente estrechos, con el auxilio filosófico de películas clasificación B (previamente aprobadas por el Tío Sam), Wikipedia en pantalla y la referencia de un "manual de política fácil para sonar inteligente diciendo sandeces" léase Mein Kampf.

El racismo es el camino simple a la autoestima falsa, pocas cosas resultan mejor que negar la dignidad de otros para brillar un poquito. Es nada más un recurso cobarde, simplificador del mundo en adjetivos morales como bueno y malo, superior e inferior con la pretensión de entender la existencia sin molestarse en pensar verdaderamente, sin discernir los colores, sabores y conocimientos de la pluralidad humana.

Supongo esta riqueza heterogénea y enorme terminó por asustarlos, y como sabemos con el miedo surgen conductas idiotas.

Parece que los jóvenes nacionalistas, tan orgullosos del arte "ario" (término desvirtuado por los racistas nazis, pues procede de la antigua cultura hindú), desconocen los soldados de terracota chinos detallados hasta la obsesión perfeccionista y las pirámides egipcias, construcciones tanto o más avasalladoras que las catedrales europeas, erigidas mientras los griegos apenas empezaban a filosofar y los divinos albos se comían unos a otros, bramando feroces sus lenguajes inmaduros, espantados hasta del fuego que los calentaba.

No habrán leído a Franz Kafka, pues aseguran que los judíos son incapaces de crear literatura, hablan de Mozart pero no de Art Tatum el pianista negro virtuoso, juran que la complejidad de la música blanca no tiene rival, tal vez en su pequeño mundo de gris plástico no suena jamás el Jazz, equiparable en complejidad a las composiciones barrocas... y si supieran de poesía amarían a Walt Withman y T.S. Elliot sin siquiera haber leído a Octavio Paz y José Cruz.

Francamente no alcanzo a entender la subsistencia del endeble odio, carente de bases sólidas igual que el orgullo necio de los fascistas omnifóbicos. Ni como los supuestamente cultos se hinchan de arrogancia, como ampollas, presumiendo el arte como un accesorio de status. Esto demuestra terminantemente la estupidez y el grave error en que el racismo, de una u otra manera, siempre cae, porque si bien la destreza artística de un colectivo social es motivo de orgullo, no puede ser de ninguna manera un enrejado de aislamiento, ni paradigma de superioridad. El arte está hecho de ideas, de interacción, fusión y convivencia intercultural, no le pertenece a nadie y no puede restringirse por su naturaleza abstracta.

Los racistas que defienden su carácter autóctono por el arte se contradicen, pues la pintura, la música y demás ambrosías unen a todas las razas en una especie. Como los genes que inevitablemente se conectan, los lazos artísticos niegan cualquier diferencia separatista entre un camerunés y un alemán, pues las pieles al final solo nos cubren del sol, mientras que las ideas nos liberan del olvido.

Los racistas en todo país y sector deberían empezar a preocuparse por rellenar con algo noble esa epidermis vacía que tanto cuidan y admiran ante el espejo, tan frágil y superfluo como su pensamiento.

.C.

jueves, 20 de marzo de 2008

Los locos, ¿están extintos?

Hoy entre tristeza e ironía me plantee la pregunta ¿estarán extintos los locos?, luego modificándola un poco dije ¿estaremos los locos extintos? Y cuestioné a mi pareja sobre la paulatina desaparición de esta subespecie humana, la mutación natural y heredada malinterpretada por los cobardes como una degeneración, cuando en realidad es aquello que ha mantenido el equilibrio en nuestro mundo cada vez más cuerdo y mecánico.

Loco estaba Van Gogh y revolucionó la técnica pictórica adelantándose décadas a sus contemporáneos, un demente fue Kafka cuyo genio depresivo ilustró con letras el estado decadente de una psique amordazada en convencionalismos laborales, prediciendo los efectos dañinos del obsesivo mundo “productivo”. El insano Buda expresó la verdad del humanismo hace milenios y el loquísimo E.T.A. Hoffman visualizó los principios teóricos del androide en su cuento “El Hombre de Arena” allá en el siglo XVIII.

Los artistas y visionarios fueron todos tocados cuyo cerebro inquieto se creía estaba poseído por demonios o desvariando en patologías que debían curarse con choques eléctricos, exorcismos y lobotomías. Porque estar loco no es volverse un ser babeante e infértil, ninguna consideración es más errada y lejana a la verdad que compadecer a quien está en un contacto permanente y profundo con su mente. Ingresar en la locura significa desgarrar una membrana cegadora de posibilidades existenciales estrechas, es el paso decisivo hacia la iluminación cognitiva por medio de la visión del chakra Ajna, vértice extracorpóreo del conocimiento infinito.

Pero, ¿dónde han quedado los locos? Cada día la humanidad se homogeneiza en un solo cuerpo que aspira una supuesta perfección en la concordia mental, pasiva y poco especulativa. Se pierden aquellos puntos de colores extravagantes que son los dementes, bajo un falso barniz de cordura obligada. Si uno presenta rasgos ezquizoides, se le recetan medicamentos que controlen las alucinaciones, obstruyendo aquel tercer ojo “tan nocivo”, si la paranoia nos obliga a preguntarnos sobre lo que existe bajo las apariencias de seguridad y estabilidad, la terapia tranquiliza al enfermo asegurándole que el mundo es de tal o cual forma, declara sus preocupaciones como puras falsedades.

Exageraciones dicen todos, trascendencia digo yo. Ansias de trascender tienen los locos, un impulso de saltar a precipicios sensuales que responden con fuerza cualquier pregunta, ansias de vivir más allá de lo casi-consciente, ocupar un asiento contemplativo en el espectáculo boreal de los sueños.

Y ahora, tras horas de haber planteado esa pregunta, siento el hormigueo del arrepentimiento, pues aún existen locos en el planeta. Tomé un taxi a las 11 p.m. esperando un tranquilo viaje de regreso a casa y sin augurar alguna sorpresa nocturna indiqué mi destino al taxista, un viejo en apariencia común. Tras frases de cortesía el hombre me preguntó si había visto alguna vez las luces del cielo. Explicó que estas se observan nítidas, como rayos láser al caer la noche, seccionan el firmamento rivalizando con la intensidad de las estrellas.

Miré con prejuicio incrédulo a las nubes azulosas sin ver nada. El hombre seguía describiendo los fenómenos luminiscentes con ahínco, mientras que yo me esforzaba por pensar algún tema que desviase la conversación hacia algo más común, o si se quiere decir “manejable”. No obstante me intrigó su vehemencia y traté de conocer su teoría del porqué de aquello.

El sujeto rió, con un tono decepcionado en la voz dijo que muchos lo consideraban “loco” por lo que veía, pero que su interés, su pasión por el espacio evitaba que esos calificativos lo perturbasen. Llegando a la puerta de mi casa apagó el taxi y descendiendo me invitó a observar aquellas luces curiosas que formaban ya una red encima de nuestras cabezas. Él en verdad las veía, describía su trayectoria entre la luminosidad de Júpiter, Venus y Marte, cuya posición planetaria especificó con exactitud.

Tras esto creí percibir un débil haz de luz que pasó junto a la Luna despareciendo rápidamente. Al notar mi sorpresa el viejo rió de nuevo, confirmó sus teorías explicando que los cambios atmosféricos producidos por el calentamiento global magnificaban la presencia de las luces. La muerte de los glaciares, decía, modificó la visibilidad. Me contó que durante los furiosos vientos que flagelaron la ciudad hace unos días, él había presenciado una agitación celestial considerable. “Parecía el fin del mundo” aseguró temeroso, “todo por el calentamiento global”.

Conversamos por espacio de media hora sobre las luces, las constelaciones, vida fuera de la Tierra, el origen de los organismos primordiales en el mar ancestral y el terrible poder de los hoyos negros. Tocamos el tópico de las auroras boreales y australes, concluyendo que la belleza del cosmos es infinita y tristemente muy lejana a nosotros.

Bajo la irradiación lunar vi a aquel hombre con la vista fija en el espacio. Un tipo alto, delgadísimo, de piel levemente morena y una sonrisa amplia bajo el bigote de estropajo, más abierta aún por el ensueño que por la falta de algunos dientes frontales. Y la luz universal rellenaba las arrugas de sus mejillas y toscas manos, rejuveneciéndolo, arrastrándolo poco a poco hacia aquella otra dimensión donde su mente lo esperaba anhelante de conversar.

“Mi vieja me dice estás loco” remedó volviendo su voz chillona, “pero nada más tiene miedo y cuando los de las naves sintieron su miedo, la hicieron ver como una estrella y se fueron muy rápido”, solo pude reír, asintiendo, porque es el miedo lo que nos aleja de imaginar las curiosidades escondidas en la lejanía espacial. Al ver la hora me preguntó cuánto creía era el pago justo por el transporte, le pagué lo acostumbrado, pero antes de tomar el dinero habló sobre los inmortales antiguos, Zeus y Andrómeda, quienes a su parecer existen, pero están hechos de estrellas. Alzó la mano al cielo, indicaba la posición de otras constelaciones como “los ojos de la virgen” y “los tres reyes magos”.

Me despedí de Armando “El Caballo”, como dijo llamarse, con un apretón de manos y ambos manifestamos el deseo de charlar de nuevo. Cerró la puerta de su auto, cerré la puerta de mi casa, me senté a escribir esto que leen, intrigado por el encuentro.

Una reunión por demás de remarcable, pues un taxista, individuo considerado por defecto como ignorante, maleducado y estúpido, mostró ser un ente magníficamente bizarro. Un hombre amante del sol por su efecto nutritivo en el cuerpo a la vez filósofo estelar, asiduo a la astronomía que no descarta las posibilidades fabulosas que predica la ciencia ficción.

A pesar de algunas confusiones termodinámicas y alusiones poco probables a cómo nuestro diminuto sol algún día mutará en un hoyo negro, Armado manifiesta un grado de inteligencia esencial bien desarrollado: la curiosidad. Basta decir que es curioso un individuo capaz de atreverse a crear su propia mitología y teorías siderales sin instrucción científica o tras haber hojeado unos cuantos libros de Ray Bradbury.

Para él la restricción económica o el prestigio social no importa cuando de especular se trata, sin embargo manifiesta una profunda tristeza al no poder llegar “hasta allá arriba”. Sin darse cuenta de que ya reside allí.

Allá arriba… para mí es aquí adentro, en mi cráneo, el espacio balanceado entre mis neuronas donde germina el arte y la violenta marejada del pensar, entre las reacciones químicas encefálicas burbujea la demencia, el don que me hermana con ese loco taxista de cuántica mentalidad.

Quizás no queden muchos locos sueltos por ahí. Seremos unos cuantos los que rechazando la prudencia, el buen juicio (prejuicio), nos dediquemos a labrar el éter en la faena que se cree es la más inútil. El arte, de escribir, de soñar, de preocuparse en exceso, de reír sin motivos cuando se camina por una calle transitada, ejerciendo el derecho a ser un paria bullicioso al vivir. Quizás los locos no se están extinguiendo (no nos estamos digo), están evolucionando y camuflándose, en ropas de taxista o cajera de supermercado, atesorando fuegos artificiales mentales con que zarandear el gris prepotente de la modesta urbanidad.

Estamos esperando el día cuando la seguridad de los cuerdos se quiebre y haya paso sin obstáculos para reclamar este planeta, que es sin más, una loca obra que brotó hace millones de años del Maniático Universo.

Para el Gato Clonado

.C.